By: Mariano Corica On: 9 mayo, 2022 In: Devocionales Comments: 0

Juan 14.6-10

 

«Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con ustedes, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre» Juan 14.8-9

 

Era el último momento a solas antes de la entrega. El ambiente era propicio para los diálogos francos, abiertos, profundamente íntimos. Podían entrar hasta el último rincón de sus almas.

Antes, algunos no habían estado tan atentos. Jesús hablaba con claridad, pero ellos aún no entendían. Pedro preguntó a dónde iba y por qué no lo podía seguir. Tomás preguntaba por el camino. En un momento interviene Felipe.

-Muéstranos al Padre, y nos basta.

La humanidad entera, sea con sinceridad o de modo desafiante, pide lo mismo.

Porque el Dios inaccesible, aquél que no podemos siquiera visualizar en nuestra finitud, es accesible en Jesús. Ni aún ellos podían ver quién era, aunque día tras día compartieron con él, experimentaron sus milagros, vieron la vida explotar contra todo pronóstico. El Padre es en él y él en el Padre. Esta verdad fue abrumadora. Con el tiempo, ellos lograrían entenderlo.

El Padre se ha hecho accesible a nosotros en Jesús. El «mediador entre Dios y los hombres» nos ha dado a conocer al «Dios no conocido».

Pero hay otra verdad menos general en este diálogo, una que, a los que decimos creer, nos interpela mirándonos a los ojos: ¿tanto tiempo hace que estoy con ustedes, y todavía no me has conocido, Felipe?