El mensaje cristiano se diferencia de cualquier otro porque abre la posibilidad de que Dios intervenga en la historia de la humanidad. Dios se hizo carne. La paradoja de la encarnación es el camino que abre a la humanidad hacia el conocimiento de Dios. Barth dice que “es en el reconocimiento de la humanidad de Dios donde se empieza a aceptar y afirmar el cristianismo” (Barth 1978, 17).
Aquella posibilidad que Dios intervenga en la historia directamente es asumida como una realidad que se revela por la fe. Al respecto, Rahner comenta que “la tarea más urgente de una cristología actual consiste en formular el dogma de la Iglesia –‘Dios se ha hecho hombre, y este Dios hecho hombre es el Jesucristo concreto’- de tal manera que lo indicado realmente en su formulación resulte inteligible, y quede excluida cualquier apariencia de una mitología actualmente inaceptable. […] La verdadera ‘encarnación’ del Logos es sin duda un misterio que invita al acto de fe y que no debe lastrarse con una falsa interpretación mitológica” (Rahner 2008, 94-95).
Rahner llama a superar el lenguaje mitológico para trascender hacia el lenguaje de la realidad espiritual, solo asequible en el marco de la fe. Este lenguaje supone la superación de la mitología cuando, por la fe, declara la encarnación de Dios en Cristo como una realidad histórica que necesita ser creída. Esto no está exento de escándalo ya que asumir un lenguaje histórico por la fe implica asumir como cierto algo increíble. Pero este lenguaje de la fe se separa del lenguaje mitológico en cuanto a la aceptación confiada de la veracidad del relato. No es solo un relato que tiende a significar algo, sino que es un relato que tiene raíces en una historia real que es interpretada a la luz de la fe en la revelación de Dios.
Cuando hablamos de Jesús fuera del hombre que fue entonces tenemos una representación fantástica (al estilo de un superhéroe), si, por el contrario, hablamos de Jesús fuera de Dios entonces tenemos la representación de un hombre delirante. Boff entiende que “lo que se manifestó en Jesús fue la inmediatez del propio Dios” (Boff 1981, 53). Solo la fe puede ver al Dios-hombre que encarna la posibilidad divina de una historización directa, y solo el Dios encarnado puede ser verdadero Dios y vida que ilumina a los hombres (Juan 1.1-4).
Como dice Barth: “¿Cómo podría la divinidad de Dios excluir su humanidad, cuando la libertad de Dios y su capacidad para el amor no sólo se da en las alturas sino también en lo profundo, no sólo es grande sino también pequeña, no sólo está en sí y para sí sino también con alguien que es distinto de él y para darse a ese otro, y que en sí misma tiene cabida suficiente para la comunión con el hombre?”(Barth 1978, 10)
La encarnación de Dios en Jesús significa la posibilidad de Dios en la historia humana, la victoria sobre la muerte desde la amenaza de la misma muerte, la debilidad que se transforma en fortaleza. Dios, el “totalmente otro”, ha asumido a la humanidad para ser uno de nosotros y redimirnos.
Bibliografía:
Barth, Karl. «La humanidad de Dios.» En Ensayos teológicos, de Karl Barth, 4-18. Barcelona: Herder, 1978.
Boff, Leonardo, Jesucristo y la liberación del hombre. Madrid: Ediciones Cristiandad, 1981.
Rahner, Karl. Amor que desciende. Santander: Sal Terrae, 2008.




