By: Mariano Corica On: 25 junio, 2024 In: Artículos Comments: 0

Mariano Corica, Junio 2024

 

El ideal social que inspira la expresión «Reino de Dios» es también una demanda respecto de un orden social justo. Esta demanda viene siendo explicitada desde los profetas, quienes denunciaron constantemente la falta de una verdadera aplicación de la ley de Dios en el sistema social de Israel. Jesús se hace eco de esta demanda. Su mensaje enfatiza el contacto de los hechos de justicia del Reino con la ética personal y colectiva, política y religiosa. Sin embargo, la interpretación de Jesús resulta más orgánica en función de su persona, en quién se encarna el ideal del Reino. “Arrepiéntanse porque el reino de los cielos se ha acercado” es uno de los pilares que hacen al mensaje que predica Juan el Bautista (Mt. 3.2) y también Jesús (Mt. 4.17).

Jesús saca el foco de la apocalíptica catastrófica para concentrarse en la construcción de justicia dentro de la sociedad judía. Esto implicaba un cambio para arrepentimiento y afectaba a los intereses políticos, pero sobre todo religiosos de la época. Este mensaje de Jesús tiene dos destinatarios clave: el pueblo que debe arrepentirse y hacer justicia, y los religiosos que deben volver a enseñar la justicia de la ley basada en el amor.

Hay una crítica de Rauschenbusch al respecto de la concepción cristiana de la vida y de su contribución a la sociedad. En este sentido,  afirma que el objetivo principal de los cristianos no podía ser sólo «salvar el alma» y vivir éticamente con el prójimo y en paz con Dios: “una religión individualista concentrada en la vida futura” (Rauschenbusch, p.91). La crítica consiste en que la religión debe ser la conciencia del orden social, este orden social debe descansar en una conciencia religiosa.

No hay una teoría social única y determinada que se identifique con la idea del Reino de Dios. En consecuencia, cualquier idea social que contribuya a los principios de libertad, justicia, fraternidad, trabajo, gozo, etcétera, sirve a los propósitos del Reino. Rauschenbusch indica que reestablecer el orden social de acuerdo al Reino de Dios es una tarea que debe orientarse tanto en la ética doméstica a pequeña escala como en la ética social a gran escala. Citamos al autor para resumir el punto: “Todo hombre debe tener la determinación consciente de ayudar a realizar, en unión con Dios, un orden social justo. El género humano debe hacer que su evolución sea cada vez más un proceso consciente. Se lo debe a sí mismo y a Dios, quien busca tener un lugar en su seno. Debe tratar de cumplir su destino divino. ‘Venga tu Reino. Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo’. Este es el programa conscientemente evolucionista que Jesús preconizó. Constituye una perfecta síntesis de la religión, la ciencia social y la acción ética”. (Rauschenbusch, p.95)

El capítulo VI, titulado “Nueva era y nuevas normas éticas”, se abre con la siguiente afirmación: “A medida que progresa el establecimiento del Reino de Dios las normas morales deben ser más perfectas” (Rauschenbusch, p.99). Esta afirmación nos conduce a comprender que el progreso del advenimiento del Reino de los cielos implica un progreso social de orden moral. La proclama de Jesús en el sermón del monte formula un nuevo valor respecto a la moral y la justicia. El autor divide los ámbitos de la nueva moralidad y los denomina pecados de odio (Mt. 5.21-22), pecados sexuales (Mt. 5.27-32), pecados de palabra (Mt. 5.33-37) y pecados de lucha (Mt. 5.38-48). Según el autor, el sermón del monte es una declaración de una nueva ética para las normas morales de la sociedad al proponer nuevos límites que elevan los requerimientos de la moral y la justicia: Jesús “no pedía menos justicia, sino más justicia” (Rauschenbusch, p.103). Entrar en el Reino de los cielos implicaría un esfuerzo mayor, Jesús cuestiona tanto los pecados como los actos de justicia exteriorizados, pero sumando la motivación para realizarlos desde la interioridad.

Ahora bien, para responder concretamente, será necesario un replanteamiento de las normas políticas, jurídicas, civiles, penales, económicas, laborales, educativas y sociales de todo tipo. Hay una ética cristiana que puede dar letra a la democracia para perfeccionar sus códigos, para realzarlos y fortalecerlos. Sin embargo, la pregunta que nos queda pendiente tiene que ver con la factibilidad de este esfuerzo sin la acción regeneradora del Espíritu Santo. Es sabido que la ley, aún antes del sermón del monte, era incumplible incluso para el pueblo que Dios había escogido entre las naciones. La naturaleza corrompida les impedía llevar adelante el programa nacional y social propuesto por Dios en la ley de Moisés.

La gran cuestión entonces es acerca del poder real para transformar las estructuras sociales y políticas. Ese poder viene, sin dudas, de la acción del Espíritu Santo en la historia y en los individuos, ya que el cambio propuesto por Jesús parte de la base de una interioridad regenerada. ¿Los sistemas pueden regenerarse de por sí?, ¿qué relación tiene la ética social con la obra de redención?, ¿son los creyentes regenerados los responsables de crear un nuevo sistema libre de corrupción?, ¿es esto factible?, ¿se necesita una acción o intervención rupturista de Dios en el mundo?, ¿somos nosotros sus instrumentos?

 

Bibliografía:

Rauschenbusch, Walter. Las enseñanzas sociales de Jesús, “El ideal social de Jesús”, Buenos Aires: La Aurora