By: Mariano Corica On: 16 mayo, 2022 In: Devocionales Comments: 0

Juan 13.1-17

«Así que, después que les hubo lavado los pies, tomó su manto, volvió a la mesa, y les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho?» Juan 13.12

 

Sorpresivamente, Jesús se levanta. Se quita el manto, toma la toalla y el lebrillo. Lo llena de agua.

Él sabía que iba al Padre, que el Padre ya le había dado todas las cosas en sus manos. Pero igual va hacia sus discípulos, aprestado para lavar sus pies. Se agacha. Toma los pies de uno, los lava, los seca, los acaricia, luego de otro y de otro. Y viendo Pedro que se acercaba, se ataja:

– ¡No me lavarás los pies jamás!

– Si no te lavo los pies, Pedro, no tendrás parte conmigo.

Pedro reniega un poco, no entiende. Pero al fin abre sus pies para que el Señor los vea, los lave.

Ahora entendemos dos cosas: que nuestro corazón necesita ser limpiado todos los días con el agua de la palabra que nos santifica, con la confesión, con la apertura a que él entre y nos ayude; pero también entendemos que, si él lo hizo con nosotros, nosotros debemos hacerlo con nuestros hermanos.

El Señor se quiere asegurar que entendieron:

– Bienaventurados son si las hacen.