By: Mariano Corica On: 16 junio, 2022 In: Devocionales Comments: 0

Estamos convencidos que el evangelismo es una obra de amor, porque evangelizar es anunciar las buenas noticias de Dios a los hombres. El amor es movimiento certero nacido de una necesidad: la necesidad de dar lo mejor hacia el objeto de ese amor. El amor se expresa en una acción deliberada que se compromete en servicio hacia el otro, se compromete en dar: es un movimiento que se expone para entregar sin esperar nada a cambio. Dios amó al mundo y fue movido en amor, para entregar a su propio Hijo y salvar a todo el que cree. Este mismo amor es el que hace de la evangelización nuestro mejor movimiento hacia los demás. La Gran Comisión (Mt. 28.16-20, Mr. 16.14-18; Lc. 24.36-49; Jn. 20.19-23) necesariamente implica movimiento: la acción de ir, de hacer discípulos, de enseñar, de caminar juntos.

Evangelizar es el movimiento de Dios en nuestros corazones que va hacia el que no lo conoce.

Evangelizar es ser conscientes del amor de Dios para nuestra vida, es ser conscientes del amor de Dios y entregarnos en servicio como respuesta a Dios mismo y al amor que él tiene por los hombres. Sin duda el evangelio es el mejor regalo que podemos entregar, de parte de Dios, a todo aquel que no le conoce.

Una persona que comprende cabalmente la medida de la eternidad no puede manifestarse de otra manera que no sea con amor, con fervor y energía en cuanto a colaborar con Dios en la obra de la evangelización.

Es necesario renovar en nuestra vida el amor de Dios por los que aún no se han encontrado con él, la pasión por compartir a Cristo con cada persona que nos rodea y no le conoce, de tener deseos genuinos de darlo a conocer, de comunicar el amor por el cual nuestra vida tiene sentido: Jesucristo.

No estamos comunicando «nuestra religión», ni «nuestro sistema de creencias». Estamos comunicando el amor de Jesús que ha transformado nuestras vidas.

Es hermoso para Dios, y aún para nosotros mismos, cuando él puede ver a sus hijos movidos sensiblemente con el latido de su corazón, verlos poner la vida al servicio de la expansión de la buena noticia de su obra a favor de los hombres, y verlos hacer esto con un profundo amor. Creo que es sumamente necesario renovar y envolver nuestra vida con una perspectiva fresca y amante acerca de la necesidad de evangelizar.