Hay un tema importantísimo en respecto a la evangelización. Se trata de la inmensa importancia de cultivar una fe ardiente en la presencia y bajo la acción poderosa del Espíritu Santo: en cuanto a la obra de Dios nosotros no podemos hacer lo imposible, el Espíritu Santo sí. Tener presente esto nos mantendrá humildes, pero también llenos de gozosa esperanza y confianza: humildes porque nosotros no podemos hacer la obra del Espíritu en la evangelización, pero llenos de esperanza y confianza por cuanto Dios lo puede hacer todo. Esta confianza nos mantendrá sobrios, expectantes y tranquilos en la obra, aunque esto no significa que seamos fríos o indiferentes.
Así, evitaremos el activismo empleando esfuerzos propios y tendiendo a actuar sobre los sentimientos naturales, de modo de querer llevar a cabo la obra con motivaciones humanas y métodos persuasivos que tienen que ver más con lo sensacional que con el Espíritu. Todo esto carece de valor, no es una muestra sino de debilidad, porque el fervor y la energía proceden de Dios.
Es hermoso ver a cristianos sensibles con un profundo fervor y energía puestos al servicio de la obra de Dios. Una persona dependiente, inspirada y potenciada por el Espíritu podrá hablar con denuedo.
Esto es fruto del obrar del Espíritu Santo en los corazones de las personas, y todo es para la gloria de Dios; todo debe estar impregnado del amor, de la calma, del orden que cohabitan en la presencia de Dios, pero sin faltar ese denuedo y ese fervor que también vienen del mismo Espíritu.
La Iglesia de Cristo empezó a ser edificada a partir de la llegada del Espíritu Santo a la tierra como relata Hechos 2. Es el Espíritu Santo quien edifica la Iglesia. En el libro de los Hechos (Hechos 2:41; 2:47; 4:4; 5:14; 6:7; 11:21; 11:24; 14:1; 16:5; 17:4; 18:8) se muestra claramente que los discípulos predicaban: en las casas, en las calles, en las sinagogas, anunciaban el evangelio de la salvación con denuedo y fervor, el Espíritu de Dios era quién añadía a la Iglesia a quienes habrían de llegar a la salvación.
Así como era antes, es ahora. En Hechos 2:23-31 se nos muestran estos dos grandes principios: el evangelio de Jesucristo prevalece siempre de la mano del Espíritu Santo y de la entrega denodada de hombres rendidos a Él. Es tarea del hombre entregarse a Dios, orando en el Espíritu, esperando su guía y su protección, buscando y esperando ser lleno del denuedo y del poder del Espíritu Santo para que éste extienda su mano y actúe sobrenaturalmente para salvación en el nombre de Jesucristo a través de su vida. En Hechos 6:10 dice claramente que no podían resistir el Espíritu con el que Esteban hablaba, y he aquí el secreto de la obra de la evangelización. Era el Espíritu hablando y revelando al Hijo de Dios, era el Espíritu actuando en la Iglesia para que hablen con denuedo, era el Espíritu llenando a los hombres que habían creído, era el mismo Espíritu penetrando los corazones de los que habían de creer y abriendo los ojos espirituales de la gente, era el Espíritu fortaleciendo a las Iglesias, era el Espíritu acrecentando la Iglesia en Jerusalén, y el mismo Espíritu llevando a los discípulos a predicar a Samaria, al desierto, a Jope, a Damasco, a Cesarea, a Lida, a Antioquía, y luego hasta lo último de la tierra.




