By: Mariano Corica On: 21 abril, 2022 In: Devocionales Comments: 0

Juan 18:15-27

«Estaba, pues, Pedro en pie, calentándose. Y le dijeron: ¿No eres tú de sus discípulos? Él negó, y dijo: No lo soy.» Juan 18.25

 

Hacía frío. Pedro se quedó afuera, pero luego entró.

-¿No eres tú de los que siguen a este hombre?

-No.

El tentador emite sus preguntas. Dentro se desata el caos de una incertidumbre que, muy profunda, parece roer su interior. Pedro, alguna vez, imaginó que podría. Pero entonces no logró demostrar sus palabras. Se desmoronó su alma. En ese instante viajó hacia sí mismo, trató de buscarse, de encontrarse.

Jesús estaba siendo interrogado. Le preguntaban sobre sus discípulos, sobre sus doctrinas. Lo golpearon muy duro esa noche.

Pero, en el patio de Anás el que gobierna es Anás. En el patio de Anás,  Pedro se perdió, se vio seducido por la mentira, fue envuelto por la oscuridad y tuvo frío.

-¿No te he visto yo en el huerto con él?

Negó Pedro otra vez, y una más. Enseguida cantó el gallo. A Jesús también lo golpearon los suyos.

En esta demencial ofuscación, Pedro vio el fatal espejo que refleja una condición enajenada.

Lloró, muy amargamente. En la negación, mediante sus actos, de lo que dijo creer con sus palabras, se desnuda su debilidad. Y el hecho de darse cuenta de esto le abrió las puertas a la desesperación. Quisiera, aunque sea por un instante, privarse de recuerdos.  Y ya le resulta fastidiosa la impotencia.

Algunos momentos están construidos de silencios que nos pierden en la desesperación de una oscuridad palpitante, frenética, avasalladora. Nada tiene sentido cuando dejamos de creer. Son esas las veces que nos defraudamos a nosotros mismos y, en nuestra intimidad, nos damos cuenta que no podemos fundamentarnos. Hemos de quedar solos cuando nos juguemos una mala pasada a nosotros mismos, hemos de quedar tan solos y desesperados, lejos de lo que decimos creer, lejos de lo que decimos amar.

No hay más luz que aquella pobre que tenemos, y de esa hemos de aprender antes de poseer la verdadera.